jueves, 2 de agosto de 2007

Cadena de ilusiones.


Las vidas de los “cracks” del pasado, el presente y el futuro, coinciden en el tiempo y el espacio de una dimensión desconocida para el mundo del fútbol. La historia comienza en el Océano Atlántico. Es 1938, el buque de nombre “Covadonga” cruza el Ecuador. Abordo, una familia de refugiados vascos carga en su equipaje el olvido de su tierra.


Isidro el menor de los Belausteguigoitia, juega con una pelota de trapo en la cubierta de tercera clase. Tiene apenas siete años y ya maravilla con su juego al capitán y la tripulación, que por cada gol anotado en babor, le regala una hogaza de pan dulce. Manjar muy cotizado para una travesía trasatlántica de casi un mes. El navío atracó en La Habana y la familia se arraigó en el Caribe. Pero el destino gambeteó nuevamente a Isidro obligándole a embarcar su vida rumbo al Puerto de Veracruz. Por las mañanas, el joven vasco apilaba costales y ladrillos. Por las tardes jugaba al fútbol en el patio trasero de los muelles.


A solo unas calles de allí en Los Portales de la ciudad; el “crack” mexicano de la época solía festejar sus hazañas con Los Tiburones Rojos de Veracruz. La fuerza y precisión de su patada sorprendieron una tarde al “Pirata” Fuente, quien recomendó al muchacho con Alfredo Cassola. Empresario italiano que buscaba jugadores en América para integrar una selección de oriundos y enfrentarla por dinero a los mejores clubes del continente. Isidro jugó para el equipo de Cassola en una gira de verano por el sur del hemisferio. Le hizo tres goles a San Lorenzo y dos a Peñarol, la misma tarde que un central paraguayo liquidó la rodilla y la carrera futbolística del inmigrante vasco.


Isidro Belausteguigoita fue olvidado por el empresario italiano en el viejo Montevideo. Terminó ganándose la vida detrás de la barra de un bar. A los veintiséis años, se casó con Paula Ferreira. Una brasileña que se enamoró del delantero, quien jugaba para un equipo amateur de la Liga Municipal del Centro de Montevideo. En su última tarde como jugador dio el mejor partido de su vida. Marcó 5 goles y salió a hombros del bravo potrero. Pegándole a la pelota con la rabia de su vida y gambeteando rivales con la tristeza de su historia. Isidro nunca lo supo… pero su personalidad en la cancha y su verdad con el balón, marcaron aquel día la vida de un niño que le miraba aferrando sus manos con ternura a la alambrada de la cancha.

El nombre del pequeño era Fernando Morena, que con el tiempo jugó en Peñarol de Ururguay, Valencia y Valladolid de España. Y con la imagen de Isidro en la memoria de su corazón; Fernando Morena se convirtió en uno de los mejores delanteros de la Garra Charrua. Veloz, habilidoso y goleador poderoso, regresó en el ocaso de su carrera para jugar con Peñarol. Morena entonces no lo sabía… pero su carrera como jugador marcaría la vida y la carrera de un niño que le miraba aferrando sus manos con ternura a la alambrada de la cancha donde entrenaban Fernando Morena y el Peñarol.

El Nombre del pequeño era Enzo Francescoli, que con el tiempo jugó en el Wanders. Fue comprado por el River Plate que en 1986 lo vendió en 6.5 millones de dólares al Racing de Paris. Equipo del magnate francés Gerarard Lagardere. El dueño de la empresa de tecnología “Matra” y una de las fortunas más grandes de Francia, se negó a vender a Francescoli al millonario italiano Agnelli, quien moría por ver jugar al uruguayo con su equipo: la Juventus de Turín. El Racing de Paris era un caos. Pero a Lagardere, dueño y presidente no le molestaba. Porque lo único que el caprichoso multimillonario deseaba; era sentarse en su palco de lujo solo para ver jugar e Enzo Francescoli los domingos por la tarde. En 1988 el coraje y la tristeza de Francescoli obligaron al Racing de Paris a cederlo al Olympique de Marsella. Años después Francescoli regresó a River Plate, donde su leyenda alcanzó niveles de mito. Logrando que la mitad de los argentinos, le cantaran desde la grada ¡Uruguayooo! , ¡Uruguayooo!, como el mejor homenaje a la hermana República Oriental. Fue electo “Principe” y el mejor jugador en la historia del Uruguay.


Durante aquellas tardes marsellesas, Enzo Francesoli entonces no lo sabía… pero su estampa perfecta en la cancha y su nobleza en la vida, impactarían para siempre los ojos y el corazón de un niño que le miraba aferrando sus manos con ternura a la alambrada de la cancha donde entrenaba el Olympique. El pequeño lo adopto como ídolo y acuño en sus músculos y huesos, toda la clase que aprendió mirando al uruguayo.

El nombre de aquel niño francés hijo de un inmigrante argelí es Zinedine Zidane. Sigue jugando y su trayectoria como jugador la conocemos todos. Tan grande fue la trascendencia de Francescoli en su vida, que bautizó con el nombre de Enzo a su primer hijo. Como humilde homenaje de un gigante para otro. Zidane continúa siendo el mejor futbolista del mundo. Aún vive y juega como tal. Pero hace unas semanas durante una sesión de entrenamiento; un niño le miraba aferrando sus manos con ternura a la alambrada de la cancha del Real Madrid. Zidane aún no lo sabe…. Quizá jamás lo sabrá. Pero el nombre de ese niño que le admira por las tardes es: Paulinho Lima Ferreira. Nieto de un inmigrante vasco que a los siete años, maravillaba al capitán y la tripulación de un barco cargado de refugiados españoles. Mientras pateaba un balón de trapo sobre la cubierta tercera clase.

En plenas eliminatorias; cuando el planeta está jugando al fútbol, el fútbol enlaza con su magia “cadenas de ilusiones” como ésta. Sin distinguir el lugar, ni la nacionalidad, ni la condición social. Recordándonos que su verdadera grandeza, está en los ojos de un niño que mira aferrando sus manos con ternura a la alambrada de una cancha en donde hoy juegan y entrenan sus ídolos de verdad.


Las eliminatorias para la Copa del Mundo hacen que la tierra parezca un gran balón. Los “paralelos” están pegados a la banda, las “latitudes” se vuelven área chica y los “meridianos” son el medio campo de un planeta, cuya Geografía y huso horario las marca el grito de un gol. En Europa, Asia, América, Africa y Oceanía; los Estadios Nacionales son durante un par de horas, capitales de sus países y desde los lugares más extraños de la tierra, siempre nos llega la imagen del hombre corriendo detrás de la pelota. En la víspera mundialista, el fútbol ejerce como un Organismo Internacional. Cuyo orden y legalidad ofrece a los pobres la oportunidad de vencer a los ricos. A los grandes de aprender de los chicos. Y a los olvidados como Isidro Belausteguigoitia; la posibilidad de existir.

Feos, fuertes y formales.


Primer día de junio del año 2005; la fecha amenaza nuestro termostato y marca el calendario de los grandes juegos. Época del año reservada por la FIFA para alterar nuestras emociones y recorrer el mundo detrás de un balón.

¿Quién no tiene un inolvidable junio, un maravilloso julio y un nostálgico agosto archivados en el corazón de su memoria?. El “Gran Verano” debe tener mucha lluvia, mucho sol y mucho fútbol. Finales de campeonato, juegos de selecciones nacionales, torneos internacionales y cascaritas estivales; que al final del día son las que disfrutamos más. Por las noches nos volvemos futbolistas de almohada y soñamos con ser protagonistas de un gran partido. Ese que jugamos desde niños y que aún no ha terminado.


El antecedente obliga a pensar que a ningún futbolista sobre la tierra se le ocurriría perderse una oportunidad más, para jugar al fútbol con la camiseta de su Selección Nacional. Ejerciendo una profesión en donde la lesión mas grave sucede cuando se desgarra el alma. Cada vez son mas los jugadores que renuncian a sus selecciones durante estas fechas. “Nadie sabe lo que tiene hasta que lo ve perdido” y es común que en el olvido de su retiro, lo que mas anhela el ex futbolista es volver a ser futbolista para jugar bajo la lluvia del verano aunque sean solo cinco minutos.

El fútbol se vuelve viejo pronto. Los grandes partidos y las grandes hazañas necesitan solo unos días para vivir por años en el archivo moral de nuestra memoria. Buscando en la historia del fútbol encontramos una gran leyenda. Sucedió hace ya nueve días; una eternidad para la “Antigua Constantinopla”.

Esto fue lo que pasó...
El fútbol se ha quitado el maquillaje. Escurrió el excéntrico cosmético lavando su cara con sudor, lágrimas y lluvia. Esta vez no hubo sponsor capaz de pagar la cifra, que el corazón de este deporte subastó aquella noche del 25 de mayo. No hay marca que se atreva, ni publicista que lo imagine. De nada sirvió el jugador de Pepsicola que ejerce su pasión para una especie de héroe en formato de 35 milímetros. Ni la mágica gambeta dibujada con euforia en un story-board para la Nike. ¿En qué momento alineamos a nuestros jugadores con Tom Cruise o Brad Pitt...? Quizá cuando olvidamos que el músculo más importante de un futbolista sigue siendo el corazón. La cara sirve cuando es mas dura que bonita. Lucirla en las portadas no gana campeonatos, solo ayuda a venderlos.

Aquella noche descubrimos un puñado de buenos jugadores que el marketing condenó por feos, fuertes y formales. Obligándolos a desfilar solos por la pasarela del vestuario. Futbolistas que tienen invertida la fórmula del mercado: "son un modelo de futbolistas, en lugar de futbolistas modelo". Aquí el siete no vende, el cinco está chimuelo, el nueve es un enano, el tres esta bizco, el ocho está calvo y el once no se baña. Y sin embargo; El Liverpool de Inglaterra, es el último grito de la moda en el auténtico mundo del fútbol.

Hace tiempo que el Liverpool F.C. dejó de ser un grupo de aristócratas reposando sobre su abolengo. Nunca imaginamos que la Realeza Británica perdiera el protocolo en tan solo 120 minutos. El Jet Set se conmovió con once insensatos, que maltrataron la rancia historia del Milán. Víctima de una defensa malcriada por la farándula.

Los héroes de la Final Europea de Estambul, jugaron un partido que escurrirá dulcemente en las grietas de nuestra memoria durante años. El cuento turco ha servido para desmaquillar a los jugadores de excentricidades, indignas de Kubala, Distéfano, Charlton, Puskas y el resto de nuestros abuelos. El fútbol de los hombres bravos ganó terreno al de los guapos y famosos. Dudek, Hyypiä, Hamann, Smicer, Benitez, Alonso, García, Carragher, Finnan y Gerard no cotizan en los medios. Pero consumaron el "crack" en una bolsa de valores, donde el deporte juega un campeonato alterno a su origen.

La leyenda de Estambul nos deja un gran mensaje. Al fútbol se juega como se vive. Y en una época tan llena de problemas y agravios para nosotros los mortales; jugar al fútbol debe significar una gran vida. Ojalá que el futbolista volviera a ser aficionado por una noche y abrazara con fuerza ese típico sueño que la mayoría abandonamos en la almohada por las mañanas: “jugar al fútbol y meter un golazo con La Selección Nacional”

Anatomía del futbolista.

Buscar teorías tácticas y estratégicas en un juego de fútbol, puede resultar ocioso. El análisis futbolístico casi siempre confunde al aficionado práctico. Sus precursores y metodólogos se empeñan en crear teorías para aplicar el sentimiento. Cuando el hombre no encuentra explicaciones que le permitan entender un suceso fenomenal, lo mejor es recurrir a la ciencia. En ella podremos encontrar explicaciones exactas para descifrar cualquier hecho por extraño que parezca. A la luz del conocimiento y la investigación médica, surge una hipótesis que puede aproximarnos a la verdad. Mediante la disección de un futbolista con permiso de Vesalio, la venia de Galeno y sin juramento hipocrático; intentaremos descubrir cómo es que México derrotó a Brasil y puede ganarle a Argentina y Alemania. Esta es la anatomía de un triunfo:

1.- Corazón: músculo más importante de un futbolista.

2.- Alma: único elemento que el futbolista tiene prohibido desgarrarse.

3.- Mandíbula: hueso indispensable para defender un partido. Suele dar mejores resultados cuando está bien apretada.

4.- Dentista: Integrante del cuerpo médico, dedicado a mantener en perfecto estado la mordida de un futbolista en todos los rincones del campo.

5.- Cráneo: hueso del pensamiento. Se utiliza para ganar partidos atrás o adelante.

6.- Cerebro: cavidad donde se guardan los sueños.

7.- Psicólogo: es el masajista del pensamiento.

8.- Masajista: es el terapeuta de los músculos.

9.- Brazos: extremidades cuya principal función es abrazar una victoria.

10.- Dedos: señalan un objetivo y por lo tanto un marcador.

11.- Uñas: en el futbolista su principal función es arañar un título. En el aficionado ayudan a matar los nervios durante 90 minutos.

12.- Manos: extremidades utilizadas para acariciar una camiseta, empuñar un símbolo, escribir una gran historia y aplaudir a todo un equipo.

13.- Muñeca: articulación comúnmente utilizada para ondear una bandera.

14.- Boca: parte del cuerpo que suele dar voz al espíritu.

15.- Espíritu: La ciencia aún carece de información precisa para analizar este elemento. Pero el futbolista suele utilizarlo como recurso mágico y milagroso.

16.- Labios: extremidades bucales que dan forma al grito de gol.

17.- Ojos: sin ellos no podríamos creer lo que está sucediendo.

18.- Lagrimales: Orificios por los que escurre alegría o tristeza en forma liquida.

19.- Piernas: motores de una ilusión.

20.- Emoción: ritmo cardiaco durante un partido de fútbol.

21.- Electrocardiograma: análisis científico que estudia la entrega de un futbolista dentro del terreno de juego.

22.- Pies: sentido del tacto; léase manos en el caso de un futbolista. Salvo en el portero.

23.- Tobillo: muñecas de los pies.

24.- Venas: conductos por los que se alimenta la pasión.

25.- Sangre: liquido que transporta glóbulos bravos y glóbulos valientes al cuerpo en general.

26.- Oído: sentido que permite al futbolista percibir el apoyo de su afición.

27.- Pecho: guardián del amor por unos colores.

28.- Piel: camiseta diseñada por la naturaleza. Debe dejarse en el campo al término de cada partido. Tiene que lavarse con sudor y lágrimas. Por ningún motivo se puede arrugar.

29.- Glándulas sudoríparas: pequeños medidores del esfuerzo.

31.- Cuero cabelludo: integrado por miles de folículos cuya principal función es enchinarse.

32.- Hombros: se utilizan para echarse un equipo encima.

33.- Cadera: hueso de engaño cuyo movimiento rítmico produce el grito de ole.

35.- Hígado: receptáculo del coraje en un futbolista.

36.- Testículos: órganos reproductores de una leyenda y de gestación para una hazaña.

37.- Pulmones: generadores de aliento.

38.- Columna vertebral: portero, medio y delantero.

39.- Estómago: aparato que digiere una victoria y asimila una derrota.

40.- Futbolista: conjunto de ideas, huesos, músculos y emociones. Capaz de levantar el ánimo de un país. Entiéndase héroe cuando viste de verde y en general un ser humano como cualquiera.

Es usted libre de encontrar la explicación que quiera para entender la victoria de México frente a Brasil; yo me quedo con ésta. Porque en el juego del hombre, me parece la más humana.
¡Gracias México¡

La decena mágica.


Las sociedades exigen líderes. Ubicar figuras exactas y precisas en cuyos rostros se identifique la victoria y los sueños. La Estadística suele aplacar la necesidad de ordenar el placer de mayor a menor. Mediante los números, podemos ponerle un subjetivo índice al talento. A cada vez menos tiempo del mundial, será bueno ir preparando el archivo de los mejores, para explicar lo que podremos ver y lo que queremos sentir. Estos son de acuerdo a expertos, los diez mejores jugadores del mundo hasta la fecha. Como en las matemáticas que se empeñan en ponerle número a todo; en este caso sus propiedades son humanas, porque el orden de los factores no altera el producto.

Ronaldinho, Brasileño del Barcelona.-
Su mejor jugada siempre es una sonrisa. En su caso es tan importante el odontólogo como el kinesiólogo. Utiliza la alegría como táctica y su madurez como jugador depende cada vez más de su inocencia como persona. La estrategia del brasileño es un estado de ánimo, Ronaldinho se encuentra feliz cuando sale a jugar al campo y lo refleja aún en la efectividad de sus compañeros contagiados por las risas, que para alinear a su lado, tienen la obligación de divertirse con él. Es el número uno del mundo.

Zidane, Francés del Real Madrid.-
Ha sido tan grande, que aún le queda fuerza para pelear el liderato por el primer sitio frente al brasileño. Zinedine Zidane posiblemente sea el futbolista con más títulos sobre la tierra, lo que le convierten de inmediato en miembro de la familia real del fútbol, que encabezan Pelé, Maradona, Distefano y Cruyff. El francés es el quinto de los magníficos. Campeón del Mundo con Francia y Campeón de Europa también. Campeón Europeo de Clubes, Campeón de Liga en Italia y en España, Campeón Mundial de Clubes. Multicampeón para la FIFA y la UEFA con botines y balones de oro y hasta Campeón de la UNICEF y de la ONU. El solo acumula más trofeos que la mitad de los clubes europeos y sin embargo; quien lo conoce sabe que en su casa, apenas guarda algunos recortes de periódico de su debut en Marsella y de su campeonato mundial en 98, cuando levantó la copa en Sain´t Dennis. Para muchos lo mejor que tiene es la precisión en el pase. Para otros, su mayor virtud está en los ojos, que pueden ver cosas dentro del campo que casi nadie observa. El resto considera que su físico ágil, ligero y habilidoso pero al mismo tiempo fuerte, poderoso y veloz, ha sido la clave de su éxito. Pero hasta el momento el mejor análisis de su carrera lo hizo su mujer, quien declaró que el secreto mejor guardado de Zinedine es su bondad como persona y su humildad como profesional.

Shevchenko Ucraniano del Milán.-
La geografía política de Ukrania cambió a partir de él. En silenciosa y erguida postura, diseñó su carrera en arte lapidario como el pensador sobre la piedra. Creció sobre el hielo, donde patinaba y gambeteaba rivales en una pista de hokey, confundiendo su verdadera vocación entre la nieve. Un día llegó a Italia y limpió la zona de brasileños, argentinos, holandeses e italianos. Es el gran solitario de San Siro pero el primero en echarse la historia del Milán al hombro. Su talento es tan grande, que alcanzará para llevar a su pequeña nación a jugar por primera vez en la historia un Mundial.Más que un jugador franquicia, es un jugador país; su orgullo es Ukrania, uno de los principales semilleros deportivos de la antigua Unión Soviética.

Pavel Nedved, Checo de la Juventus.-
Primo lejano de Shvechenko, algo más sonriente pero igual de silencioso. En su mirada aún guarda la nostalgia de la antigua Europa del este. En donde creció al amparo de su madre Praga, considerada por muchos el Paris detrás del muro. En donde las bellas artes se fomentan en cada esquina, incluso si en ellas rueda un balón a los pies de un niño. Ahí descubrieron a Nedved, con el look de un béatle atrapado en los sesentas y que enamoró a la dama del Calcio, la Juventus de Turín.


Thierry Henry, Francés del Arsenal.-
Hijo de la Francia mestiza. Con la fuerza de Europa y el alma de su colonia. Delantero voraz y un atleta del área. Utiliza los brazos mejor que nadie; para planear en vuelo y aterrizar sobre la portería, manteniendo el equilibrio en el aire. Alguna vez fue delgado, hasta que el Calcio y la Premiere Legaue alimentaron su organismo y lo incubaron para convertirlo en una maquina de ataque.

Frank Lampard, Inglés del Chelsea.
Es el nuevo nieto de la Reina y el mejor soldado del imperio. No es tan guapo como David Beckham ni tan feo como Wayne Rooney. Por lo tanto su mayor virtud es el equilibrio en ataque y en defensa. Capaz de recorrer la distancia entre Inglaterra y Escocia con un balón en los pies, defendiendo a la Gran Bretaña con el corazón de un león antiguo. Representante de la nueva generación inglesa, acumula en su genética la bravura del defensor histórico y asimila en su evolución la clase del atacante moderno. Tiene tanto músculo como talento y tanta fuerza como clase. En poco tiempo se volvió figura y en menos tiempo aún; se convirtió en crack.

Van Nilsterooy, Holandés del Manchester.
La ciencia falló en la clonación de Marco Van Basten, pero en el intento incubó a Roy Van Nilsteroy. El mejor rematador sobre la tierra y capaz de convertir una piedra en un balón de gol. A pesar de sus grandes dimensiones, el holandés se mueve mejor en un espacio pequeño. Es el mago del área chica y el jugo más fresco de la naranja mecánica.

Ronaldo, Brasileño del Real Madrid.
Apenas cinco minutos de Ronaldo alcanzan para ubicarlo entre los diez mejores. Con eso le basta al brasileño para seguir metido en la pupila del mundo. Un gol suyo es como una marca registrada… “Gol de Ronaldo” se oye bien y casi siempre se ve bien. Opacado por la adolescencia de Ronaldinho que lleva su nombre y su dentadura al frente. Aún sigue siendo decisivo en cualquier campo que pise.

Raúl, Español del Real Madrid.
Pocos se han detenido a elogiar la fortaleza mental de Raúl González. Sacrificado por los técnicos y humillado por el sistema de juego del Real Madrid en su versión de Spielberg. Los euros condenaron a Raúl a jugar vestido de gala en la terracería del medio campo. Nunca se queja y siempre está para cuando lo necesiten en donde sea. A Raúl solo le falta jugar de portero y de central en un Real Madrid que tiene encadenado al talento más espectacular en la historia de su cantera. Y al goleador más grande en la historia de la Champions League.

Samuel Eto´o, Camerunés del Barcelona
Su nombre es Africa, salvaje y natural. El alma de todo un continente habita en Samuel.
Que destella tras los matices brillantes del color negro en su nobleza espiritual. Es una fiera puesta en libertad dentro de un estadio y lo más peligroso que ha sucedido en Barcelona desde Gary Lineker. Ha hecho del Nou Camp una sabana africana, donde engulle a los porteros y se devora la pelota. Cuando Eto´o sonríe la blancura de sus dientes asusta a los rivales, síntoma de que el africano va en búsqueda de alguna presa a la que pronto convertirá en alimento de su leyenda, porque todo lo que huele a gol, Samuel se lo come.

El guardián del fútbol.


El fútbol, suele adjudicarle a las matemáticas demasiado valor. Los juicios corren el riesgo de volverse sumarios y un análisis se resuelve siempre en términos cuantitativos. Cuánto vale, cuánto gana, cuánto corre y cuántos años tiene, son preguntas tan comunes y corrientes, que limitan la reflexión de la palabra y la evaluación de las responsabilidades. Hay jugadores que dominaron las cifras de su carrera hace tiempo. Pitágoras los dejó en paz, cuando cumplieron treinta años con veinte títulos. El algoritmo fue derretido al calor de un silogismo, que se siente más cómodo valorando leyendas que estadísticas.

La historia se esconde tras la bruma catalana, durante una noche salitrosa y húmeda, en la que el Nou Camp escurría su grandeza hasta el mediterráneo. Al minuto ‘75 Migueli canjeo el fémur por la pelota y Alexanco recuperó la jugada con la voz. Victor mandó un centro con el cuello, que Schuster remató con los bigotes. La pelota abandonó el campo alegremente y mientras sonreía, llegó a las manos de un bisnieto de Gamper, que la devolvió al juego con la inocencia del mejor recogepelotas de la historia.


Criado en La Masía, donde el F.C. Barcelona suele parir a los “cracks” ; Pep Guardiola se alimentaba por la pupila y el oído. Devoraba lecciones de fútbol cada vez que se sentaba detrás de la valla de estática, acudiendo con devoción al aula preferencial de aquel campo santo. Apenas tenía trece años, pero Gaudí, Miró y Dalí ya le habían echado el ojo a la futura obra de arte, que Catalunya estaba esculpiendo en hueso y músculo.

Pasaron los años y al pequeño Pep le salió la barba, requisito indispensable para abrir la puerta del vestidor más imponente de la historia moderna del fútbol: El Dream Team de Johan Cruyff. En aquella alineación rodeado de ilustres, forjó una carrera que con el tiempo se volvería monumento al barcelonismo. Inventor de la planeación estratégica dentro de un terreno de juego, Guardiola se graduó como Licenciado en Administración de Empresas jugando al fútbol. Hizo del tiempo movimiento. Del espacio un lugar. Del compañero un recurso. Del balón materia prima. Y de su imagen, una fuerza de ventas.

Declaraba sus intenciones cada vez que uniformaba su pensamiento de azulgrana, “El fútbol es el juego más sencillo del mundo, basta que tu pie obedezca a tu cabeza” suele decir, mientras entiende el juego como un ejercicio mental. Es un atleta del pensamiento y el futbolista más cerebral de su época. De ahí que poco nos importen a algunos sus 35 años. Es más veloz que cualquiera, porque piensa más rápido que nadie sin la pelota. Y cuando pasa por sus pies, logra que su equipo se mueva como ninguno.

Con el apellido redactado en el gentilicio de “guardián” , Guardiola ha sido fiel custodio del balón y la virtud de su redondez. De su eterno compromiso con él; alguna vez mencionó a un neófito: "Te sonará a gilipollez, pero al fútbol se juega con un balón” Frase que acuñó cuando comprobó la siguiente teoría “Antes de que te pasen el balón debes saber dónde lo vas a mandar, si no está claro, mejor guárdalo, dáselo a tu portero, pero nunca lo regales”

La vida da tantas vueltas, que a veces los mejores momentos pasan frente a nuestras narices sin que nos demos cuenta. Y así, confundidos por el tiempo y la exigencia práctica del cálculo, convertimos al fútbol en objetivo crítico de las ciencias exactas. Por eso, recomiendo a los aficionados en general del Fútbol Mexicano, sin importar la hinchazón de nuestros colores, que nos volvamos un poco fanáticos de los Dorados de Culiacán. Un equipo que sin inventario mítico, atesora hoy, gran parte de la leyenda del fútbol moderno con la alineación de un futbolista histórico en su cuadro titular. Allá, donde el sol arrincona las sombras y derrite al que se mueva, hay un futbolista capaz de trascender en el plano de los años. Utilizando al pasado como futuro y al presente como verdad.


Aprovechemos los últimos años de la carrera de Pep Guardiola como jugador, antes que se vuelva entrenador y dirija al Barcelona con la filosofía de su vida. Exprimamos sus conocimientos al máximo. Aprendamos viéndole jugar, hablar, dirigir y vivir. Porque encima de todo, además de ser un inmenso futbolista es un tipo tan humilde, que tiene la noble capacidad de entregarse al máximo jugando con el gigantesco F.C. Barcelona, que para el pequeño Dorados de Culiacán.

Las chivas de mi comunidad.


La mañana empezó diferente, algo raro sucedía en la colonia. Algo de lo que nunca me había dado cuenta, pero que siempre había estado ahí...
Bajé por mi calle de todos los días y cuando llegué a la esquina donde está la Iglesia de mi colonia descubrí al Cura “ José de Jesús” que con sus manos santas, descolgaba una bandera “rojiblanca” de la torrecita del campanario. Debajo de la sotana, asomaba un escudo que no alcancé a distinguir. Con pena y resignación se quejaba de los muchachos que le habían hecho la faena: ¡Más respeto por la casa del Señor!. Pero la sonrisa que iluminaba su feligresía, le delataba...

Seguí mi camino y paré en la tiendita “El rebaño”. Donde todas las mañanas compro un jugo de naranja. Don “Adolfo” el tendero, resultaba más feliz que de costumbre y me invitó una galletas que recién le habían llegado. -Se llaman alfajores creo que son argentinas, están buenas; pero yo prefiero unos bimbuñuelos- me dijo...

Crucé la calle para comprar la prensa que “Ramón” me vende todos los días con singular alegría. En el puestito de periódico, platiqué con “don Chava” del fútbol de su época. La discusión siempre arranca igual y la queja es rancia: ¡ los míos eran otros tiempos!. El viejo siempre está ahí a la misma hora, nunca falta. Es como un monumento que da abolengo a la historia de mi barrio...

Están repavimentando mi colonia y el transito lo pone todo “boca arriba”. Imposible salir por la “boca calle”; se planto un tractor que no dejaba pasar a nadie. “Tengo el corazón rayado” decía la leyenda que llevaba inscrita en la defensa el inmenso camión de arena y grava que me impedía el paso...

Decidí pasar por enfrente del mercado para cortar camino, justo donde están la pollería “El Campeonísimo” y la tortillería “Jalisco” que atienden los señores Ponce y Gutiérrez, socios desde hace cincuenta años en las buenas y en las malas...

Cuando pude salir de la cuadra, sonó el timbre de la “Primaria Vallarta” que anunciaba la entrada a clases. “Omarcito” mi vecino, echó a correr antes de que cerraran la puerta. Con la mochila volando por los aires y un balón atado bajo el brazo, gambeteó a “Benjamín” el Director del colegio. Mientras su madre desde el coche le gritaba: ¡bravo! bravo!; otra vez sobre la hora; a ver si mañana te levantas más temprano...

Subí a mi coche, le hacía falta gasolina. Pase por la estación del servicio “El Tigre” donde “Alejandro” le puso $200 pesos de magna mientras discutía del arbitraje y contaba billetes con las manos....

Por fin avancé unos metros pero el semáforo estaba en rojo. A mi lado el taxi de “Juan Pablo” que estudia por las noches y ruletea por las mañanas. Subió tres pasajeros que llevaban puesta las camisas de Pumas, América y Cruz Azul.
-Al Angel por favor- pidieron los pasajeros.
-De allí vengo- respondió Juan Pablo...

Llegué al parque donde doblé para subir por San Jerónimo y encontré a “Manuel” el jardinero. Que con la disciplina de todos los días, barría las hojas caídas del abedul argentino, mientras silbaba el jarabe tapatío...

A la vuelta, “Rafael” levantaba la cortina de su negocio. Es el dueño de la ferretería “El tubo” donde hacen instalaciones pesadas de plomería a domicilio, sin importar el barrio. Llegamos hasta la Buenas Aires; reza el cartel a la entrada del local...

Las Chivas están en todos lados. El triunfo del Guadalajara es un triunfo de México. Todos podemos encontrarlos o reflejarnos en ellos. Son once mexicanos como cualquiera de nosotros. Capaces de ganar y de soñar. El alma de este equipo abraza las esperanzas de millones y abriga una verdadera identidad nacional.


En la eterna búsqueda de un estilo para el fútbol mexicano; descubrimos a Las Chivas versión Libertadores. Fuertes, correosos, valientes, veloces, buenos, ligeros y agradables.

Humildes pero orgullosos. Jóvenes de espíritu y grandes de corazón.
Son las chivas de nuestra colonia, nuestra calle y nuestra comunidad.Son las Chivas de México, su equipó más querido y también el más popular.

Papa, ¿qué es un árbitro?


Casi nadie escribe del arbitraje con el afán de construir. Es muy complicado ver una columna dedicada a un buen arbitraje a pesar de que los hay. El fútbol suele ser injusto con ellos, aunque a veces se les pasa la mano y no se detienen a reflexionar públicamente su error o su acierto. Los malos arbitrajes promueven la crítica feroz y calumniosa, pero también columnas piadosas como ésta.

¿Qué es un árbitro?...

1.- Es su deber permanecer completamente serio, cuando todos están alegres.

2.- Si pierde la calma pierde el partido.

3.- Casi nunca gana y cuando lo hace, nadie se entera.

4.- Tiene prohibido gritar gol, aunque puede ser el más cercano a la jugada.

5.- No puede rematar un balón por más que sepa como.

6.- Cuando silba, convoca la silbatina.

7.- Cuando no silba, también.

8.- No puede tener futbolistas favoritos y si los tiene, es peor para el jugador.

9.- A su afición le llamarían traición.

10.- Es el que más corre y el que menos gana.

11.- Es el peor pagado del campo de juego, pero al que más le exigen.

12.- Nadie compra sus camisetas, aunque a veces se diga que están en venta.

13.- Es muy difícil que su familia vaya a los partidos a disfrutar de su actuación.

14.- Son los que más criticas reciben, pero los que más vocación tienen.

15.- A pesar de ser parte importante del juego, nadie les pide autógrafos.

16.- Cuando se habla de ellos, es que lo están haciendo mal.

17.- Mientras menos se noten, mejor lo hacen.

18.- No son la ilusión de ninguna cascarita, ni el sueño de ningún niño.

19.- Con ninguno quedan bien, ni siquiera en el cero por cero.

20.- Tienen todo el poder y al mismo tiempo, ningún poder de convocatoria.

21.- Generalmente duermen mejor antes del partido que después de él.

22.- Son los primeros en llegar al estadio y los últimos en irse.

23.- Nunca les aplauden una gran jugada.

24.- Cuando salen en las fotos es porque son el centro de un escándalo o porque es tradición antes de iniciar el partido.

25.- Siempre son el tercer equipo del campo y también el tercero en disputa.

26.- Son los hombres más solitarios de un estadio.

27.- No tienen hoteles de concentración, aunque tienen que ser los más concentrados.

28.- Lamentablemente, su madre es la más recordada del estadio.

29.- Muchas veces tienen la mejor condición física del fútbol, pero sus condiciones de trabajo no son las ideales.

30.- Algunos son abanderados, pero nadie ondea su bandera durante el partido.

31.- Están condenados desde el inicio y solo ellos se pueden salvar.

32.- Son héroes de su casa y villanos del vecindario.

33.- Cuando se van solos del estadio, es mejor que cuando se van acompañados.

34.- Si llegan a tropezar en el terreno de juego, nadie les marca una falta.

35.- Nunca se lesionan y nadie se los toma en cuenta.

36.- La televisión los desnuda, pero nadie se atreve a vestir como ellos.

37.- Su uniforme es el más feo, cuando el diseño es de colores.

38.- El único niño que quiere ser como ellos, por lo general es hijo suyo.

39.- Todo mundo habla de su profesionalismo, aunque el delantero falle tres goles y el portero se coma dos.

40.- Todo mundo habla de su cuenta bancaria, pero nunca he visto un arbitro en un BMW.

41.- No tienen derecho a pedir su cambio dentro del partido, por más cansados que estén.

42.- Nadie mete las manos al fuego por ellos, pero todos prenden la lumbre a su alrededor.

43.- Cuando se equivocan tienen miedo de aceptar su error, por miedo a sentirse vulnerables.

44.- Están obligados a tener sentido común, cuando carece de sentido querer ser uno de ellos.

45.- El juicio de su desempeño siempre está dividido, por los que ganan y por los que pierden.
Dedicada a Marco Antonio Rodriguez, considerado el mejor árbitro mexicano por una mitad y el peor de México por la otra. Al igual que con el arbitraje, el columnista nunca tiene la razón.
Pero tal y como ellos, arriesga el comentario con su trabajo.