jueves, 2 de agosto de 2007

Ni tan blanco ni tan negro.

Cumple con todos los requisitos que las ciencias de la polémica y el debate exigen . Sus actitudes son un manjar para la sociología y un platillo gourmet para la psicología. Algunos le llaman el ocho columnas, porque tiene la extraña capacidad de ser noticia para la plana deportiva o la de espectáculos al mismo tiempo. Sin que lo segundo represente mayor virtud para su carrera. Es la excepción que confirma la regla que dice que para ser futbolista hay que parecerlo. Su figura no es el ideal de la anatomía, pero en su diferencia radica su éxito.


Mantiene coherencia con su origen y es un hombre fiel a sus tradiciones, las que conoce y por las que muchas veces se le ha juzgado injustamente tan solo por culpa de aquellas que desconoce. Es el cliente mas típico del manual de Carreño y el terror numero uno de las buenas costumbres, según aquellos que presumen cumplirlas a cabalidad. Se ha vuelto el mejor ejemplo de lo que generalmente esta peor visto, culpable de si mismo y de los demás. Susceptible al error como cualquiera de nosotros, pero expuesto potencialmente al escándalo de acuerdo a su posición más pública que la de cualquiera. A pesar de ello, hay una cuota de nobleza escondida severamente detrás de su miocardio y tras su aparente inconciencia social, existe una buena persona, tan solo abatida por un entorno del que ha sido cruel carnada en las aguas de la ignorancia. Disfraza su facha de una altanería confundida por prepotencia, canjeando su humildad por el maquillaje de la fama que creo aún sin echarse a dormir; siendo más famoso para los demás, que incluso para él mismo.

El balón le ofrece la seguridad necesaria para cubrir las carencias propias de su individualidad, que al igual que muchos de nosotros posee a granel. La pelota no le reclama nada, no le juzga nunca. Ella le acepta y lo quiere tal como es. A su lado, él se mantiene tranquilo, consciente y responsable de sus actos. Sin ella, no se siente a gusto en el juego de la vida, donde a veces pierde el partido por goleada. Bajo la redondez de su manto, es Cuauhtémoc Blanco, pero sin su protección es tan vulnerable como la inmensidad de su inocencia, de la que muchos se han aprovechado, padeciendo el síndrome del boxeador, peleando solo y a favor de todos. Es un ídolo sin la homologación del título.

Como futbolista, juega siempre al límite de área y a orillas del reglamento, al que mantiene a raya con la amenaza fruncida en el ceño. Es el último mohicano de la gambeta y el galán de la finta. El héroe del último minuto y el personaje más comprometido con el espectáculo. Entiende el fútbol como descaro y engaño, virtudes en la cancha, pero despropósitos por fuera del estadio. Su fuerza emana de la calle, donde se hizo jugador dentro del marco de ley para una selva. Sobreviviente del barrio y crack del vecindario, donde a pesar de todo se forjó una carrera. Conoce la discriminación del esfuerzo cuando se conjuga con el hambre y se ganó un lugar en el fútbol profesional por selección natural.


Es el mejor jugador mexicano de los últimos años. Delantero implacable y definidor infalible. Eterno generador de oportunidades para él y para los demás. Aunque casi siempre olvida que la dignidad del rival, no puede ser materia de burla sin el balón de por medio. Evolucionó del extremo al centro del campo sin menosprecio de sus condiciones técnicas, que a simple vista parecían extrañas, pero con el tiempo se volvieron magistrales. En el estricto sentido del juego, es un placer jugar a su lado y sufrirlo del otro.


Su rentabilidad mantiene saldos favorables en su equipo y en la comisión disciplinaria, donde suele ser cliente distinguido y su crédito es ilimitado. Verlo arrancar desde medio campo es sinónimo de curiosidad, nadie sabe en donde puede terminar la pelota a la que va convirtiendo en cómplice de sus alegatos mientras sigue avanzando metros. Tiene el ritmo del danzón y el compás de una buena cumbia. Es sabroso con los pies y la raspa para bailar y tocar. Complicado de detener en espacios cortos y sustancialmente incómodo en terreno largo, desde donde se desdobla para encajar su colmillo incluso a sus compañeros. Es tan difícil marcarlo en un partido regular, como en un inter escuadras, donde ríe y disfruta más al no haber cámaras de por medio.
Mucho y poco se ha dicho de Cuauhtémoc Blanco, incluso aquí. El protagonista eterno de una inconclusa discusión moral. Su figura, libra la última batalla del escándalo. Como carne de cañón para maltratar los intereses de uno y otro bando, en donde nadie quiere hacerse responsable de su convocatoria o de su exclusión terminal de la Selección Nacional. Porque aún, nadie sabe a quien están dejando fuera.


O en su defecto, a quien estarían llamando, si a la persona o al jugador. En cualquiera de los dos casos, debe existir algo de perdón y algo de arrepentimiento.
Sin radicalizar el debate, solemos llevar el tema de Cuauhtémoc a los extremos, donde las cosas se ven o muy blancas o muy negras.

No nos detengamos más líneas en las causas y las consecuencias y aceptemos que Cuauhtémoc Blanco vive y juega con “Denominación de Origen” y salvo error de apreciación, esa es su mayor virtud.

Independencia y Revolución.


Lo mejor que podía pasar era que terminara. Qué diferente hubiera sido si lo que se estaba jugando fueran nueve entradas. Ni siquiera la consonancia histórica calentaba el juego. Las notas de la Bayamesa entonaban barítonos de tensión en su canto. La ceremonia de los himnos fue un cruce de miradas y horizontes. Más allá del medio campo había otro mundo y la teoría de una vida; no tan buena como nueva.

El Qwest Field era tribuna para unos y frontera para otros. El partido sería juego y destino. Afortunadamente en primera ronda nunca hay tiempos extras y el futuro solo dura’90 minutos. Al ’47 el hondureño pitó el final del primer tiempo; más por salubridad que por reglamento. Los equipos salieron de la cancha empatados en colores. Estados Unidos y Cuba se encerraron en sus vestidores. Mientras Bruce Arena intentaba solventar el sorpresivo uno a uno; antes de convertirse en nota política. A unos metros de la puerta, el vestuario cubano confundía la cura de linimento con la liberación, mientras el fútbol se escurría por un rincón. En el anárquico reducto rebotaban los gritos de Armelio García, el entrenador. Que cerraba la puerta al portero y un delantero, antes que abandonaran la isla por los túneles del estadio.

La charla técnica del medio tiempo, se convirtió en retórica independentista contra rezo revolucionario. El utilero fungió de espía, el técnico de cónsul y el central de negociador. La pizarra de instrucciones se transformó en cartel político cuando alguien borró la jugada de táctica fija en tiro de esquina, para apuntar con tiza las leyendas “Patria o muerte” y “Hasta la victoria siempre”.


Operación escape fue descubierta cuando alguien advirtió la existencia del disfraz que escondería al habano. Una chamarra de mezclilla, una gorra de los Yankees, unos Nike Air y unos Ray Ban envueltos en el New York Times, dentro de la mochila roja de un goleador cubano. Que empezó su carrera de futbolista como segunda base, pero encontró en el “soccer” la oportunidad inmejorable para llegar a las Grandes Ligas. La guerrilla duró 15 minutos. Suficientes para convencer a Maykel Galindo de regresar al campo y a Odelin Molina de volver al marco con el gafete de capitán. Bajo el que guardaba la tarjeta 01800FREEDOM de Ali Fahal Suleim abogado y charlatán.


Así es la Copa Oro… tan surrealista como la historia de dos futbolistas cubanos que desertaron al medio tiempo de un partido de fútbol. En el que perdieron cuatro por uno frente a los Estados Unidos, cuando un lateral derecho llegó barrido al área chica y le cantaron “safe” en lugar de “foul”. Por tal motivo al término de la primera fase, resulta más sencillo hacer una reflexión psicológica que un análisis futbolístico del torneo.

Oración del aficionado.


Ante la vorágine mediática que nos envuelve por la noticia y con la ilusión intacta por mantener lo que realmente hace de este juego una pasión…

Con la inocencia del que se acerca a un altar, pidiendo que todo se solucione…

Por el respeto y verdad con que la Carta Olímpica redactó sus líneas, ante el dictado paciente y dedicado de la humanidad…

Por la humanidad, de la que formamos parte, deportistas y periodistas….

Por el día que fui niño y me acerqué por primera vez a un campo de fútbol, para descubrir su esencia. Y sobre todo; por los aficionados que al llegar y salir de cada estadio, resultan siempre su máxima grandeza…


Fútbol; te pedimos….

Que el balón nunca nos abandone
Que el espíritu del juego nos acompañe
Que la victoria nos ilusione
Y que la derrota nos enseñe...

Que las lesiones no lastimen a los héroes
Que nunca falle la vista de los árbitros
Que los técnicos recuerden que alguna vez fueron aficionados
Que los futbolistas entiendan el valor de nuestras lágrimas
Y que el directivo comprenda cuánto me costó el boleto….

Que mis ojos puedan mirar grandes jugadas
Que mis oídos puedan escuchar el canto de los goles
Y que mis brazos abracen una hazaña….

Que los postes salven nuestro marcador
Que las áreas guarden nuestra emoción
Que mi voz aliente su esfuerzo
Que mi grito estremezca al equipo
Que la violencia nunca aparezca en nuestros campos
Y que el fútbol me arranque siempre una sonrisa…

Que el portero tenga manos fuertes para defendernos
Que el delantero mire de frente al marco para guiarnos
Que el fútbol alegre nuestras almas
Que los dioses del estadio nos protejan
Y que mi equipo salga campeón…te lo pedimos
En el nombre del fútbol
Amén…

El rezo está dedicado a todos los que nos acercamos a un estadio de fútbol los domingos, esperando encontrar un sueño perdido en nuestra almohada la noche anterior al juego y en el que vivimos desde niños imaginando que somos futbolistas campeones y heroicos; pero al despertar descubrimos que somos solo un simple aficionado. Tan simple como para mover todo esto que se llama fútbol.

¡Que así sea.¡

Capitán del Mediterráneo.


Cayó en una ciudad donde suelen juzgar las formas y el modo. Al principio, parecía más difícil el entorno que el equipo. Barcelona, su Club, su gente y sus costumbres, tan mediterráneas; pueden resultar altamente corrosivas, para cualquiera cuyo nombre y apellido no conjugue con Catalunya. Vivir y convivir con La caprichosa Barcelona no es tan cómodo como parece desde lejos. Una de las ciudades más prósperas de Europa y la eterna rival política de la señorial Madrid, es capaz de beberse la personalidad y estilo de quien sea.


Para triunfar allí, hace falto algo más que empeño y fortaleza. Deben cumplirse requisitos tan específicos de calidad, que muy pocos son los que han salido vivos de las entrañas sociales de las Ramblas. Quien lo intente, deberá entender que Barcelona está por encima de todo, incluso de ella misma. Así es. Orgullosa, caprichosa, celosa y mística.

Por sus calles, el castellano parece mendigar un coloquio y limosnear un diálogo. Con la reserva del caso y ante el temor de la exageración, a veces se mira con malos ojos a quien pide un cortado o un vaso de agua en español, en el chiringuito de una esquina; tapizada de artistas inconclusos sumergidos en su eterna creación. Compitiendo silenciosamente con Picasso y con Dalí. Para sus habitantes, todo debe pasar por un severo proceso de control de tradiciones. Mediante este sistema, conservan casi intacto su origen y por lo tanto su futuro. Se alimentan de lo mejor de ellos mismos, reservándose el derecho de admisión a su sociedad para los demás

Al final de la diagonal, se levanta el monumento de su pasión. Según muchos futbolistas, el estadio más imponente de Europa. En el Nou Camp se inventó el pánico escénico, muchas veces más cruel con los locales que con los visitantes. Jugar en el no alcanza, hay que amarlo y abonarlo con sangre sudor y lágrimas. Como lo exige una camiseta que representa la última frontera del Marketing. Sobre sus densas rayas azulgranas, aún no existe firma o marca capaz de asociarse a su tradición. Patrocinar el uniforme del Club, sería como vender el orgullo catalán. El debate ha sido tan agrio, que la resolución ha llegado hasta el despacho de la Generalitat. Nadie se atreve a tomar la decisión y parece algo tan serio, como intentar vender a la Pepsicola los muros de la Sagrada Familia.

Con semejantes antecedentes, Rafael Márquez tenía más fácil el acceso al éxito hasta con el poderosísimo Real Madrid que con el F.C. Barcelona. Donde el referente del puesto, hacía mas grande la brecha. Pero el mexicano lo logró, incluso derrumbando el mito de su incomodidad extra comunitaria. Documentación que mas de una vez puso en duda su permanencia.

Pero el músculo inteligente de Marquez, conquistó uno de los corazones más bravos del fútbol Mundial, el corazón del Barsa. Donde el silbido aprieta pero no ahoga, en señal de lenta tortura y los aplausos elevan hasta la posición de mito a quien los recibe. Hasta ahora, la consideración que Barcelona tiene sobre el central, es la de un hombre consagrado con el estilo de la ciudad. Fuerte pero elegante. Humilde fuera del campo pero orgulloso dentro de él, Entregado y motivador. Sacrificado y luchador. Respetuoso de la pelota y de la técnica. Defensor de sus compañeros y de sus colores. Con bajo perfil pero de un alto compromiso. Dominador de la moda y no dominado por ella. Cumple con todos los requisitos tácticos, futbolísticos y personales para ser considerado activo fijo de la ciudad y su equipo de fútbol.

Ayer frente al Chelsea, Rafael Marquez dio uno de los mejores partidos de su carrera. Fue feroz en la defensa y altivo en ataque. Metió la pierna hasta por los túneles de Stanford Bridge y sometió a varios ingleses en su propio barrio. Bajó un balón con el pecho y después del disparo, los jueces le negaron el penal. Pero en el segundo tiempo arrestó la pelota y el esfuerzo, para decidir el partido con pase suyo.


En un campo complicado por la naturaleza y asediado por la antigua Londres, logró empujar a su equipo hasta la victoria pendiente. Cuidó a Messi, habló con Ronaldinho, ayudó a Motta, tradujo a Rickjard, centró para Etoo y encabezó la remontada. Después de semejante triunfo personal y colectivo, no hay nadie que dude hoy que el Barcelona es uno de los tres mejores equipos del Mundo y el mexicano uno de sus mejores jugadores.


Con el Mediterráneo a sus pies, Rafael Marquez parece haber nacido para vivir y morir por el Barcelona, uno de los clubes mas duros del mundo, por lo que representa futbolísticamente y por lo que significa socialmente.

El hijo del fútbol.


Existen tres formas para transportarse, dependiendo la generación. Los jóvenes andan en bicicleta, los adultos prefieren el coche y los más viejos van en lancha. Colectivamente, el tranvía es lo más recomendable y gana protagonismo al autobús. El sonido constante de sus campanazos decoran el viento cada vez más frío que envuelve la ciudad, confundida en villa y disfrazada de comarca. La humedad conspira y los canales de agua conducen a la historia, en cada casa y esquina. No es monumental, más bien se declara discreta y por lo tanto secreta.


En cualquier banqueta pudo haberse decidido o planeado algo . Y desde cualquier ventana Van Gogh y Rembrandt lo colorearon todo. Las fachadas de las casas son iguales, solo cambian las dimensiones y los interiores, lo mismo pasa con sus habitantes. Que por cierto hablan poco pero caminan mucho. Uno de los deportes favoritos es el silencio y el pensamiento se ejercita en el campo de la lectura. Consumen tantos libros por persona, como partidos de su selección al año, cerca de diez.


Una extraoridnaria campaña de solidaridad, promovió este verano el amor de los holandeses y visitantes por la ciudad: "Yo soy Amsterdam (en español)" ; la leyenda está escrita por todas partes y cobre simpatía con la conjugación al inglés del verbo ser:
"I am...sterdam"... haciendo del lugar un organismo vivo. El respeto con que la gente trata a su ciudad es envidiable, como si las calles fueran el patio de su casa. La mayoría de los holandeses viven en la ciudad y duermen en la casa, de tal forma que cuando uno llega es como si estuviera metido dentro de la sala y el comedor.


Por más que buscamos el color naranja mecánico de su equipo nacional, es difícil encontrarlo. Lo tienen bien guardado en el corazón. Aunque al atardecer siempre y cuando no esté nublado, el anaranjado se descubre iluminando el cielo, pintando la nube y dando densidad el aire.

El enorme crecimiento deportivo de Holanda en los últimos años, nos obliga a imaginar en los niños que juegan en la esquina de cada barrio a los futuros tenistas, nadadores, futbolistas, ciclistas y patinadores olímpicos. No es raro pensar que el chavito que tenemos enfrente pateando un balón justo ahora; cueste 50 millones de euros para el Milán o el Barcelona dentro de cinco años, tampoco es ilógico ver pasar una medalla olímpica al lado de nosotros.


La actividad física convive con la rutina del holandés, formando atletas de la mente y el cuerpo todos los días. Aprovechando la cercanía llegamos a los rumbos del Ajax, patrón de la ciudad y motivo de identidad urbana. Sólo el verde del campo, las líneas de la banda y la sencilla construcción nos recuerdan que estamos en las instalaciones de un club de fútbol. Pero detrás de esa sencilla fachada se esconde el laboratorio futbolístico más grande del mundo.


En búsqueda de la fórmula para el jugador perfecto, los científicos van disfrazados de entrenadores y los entrenadores de maestros. Mezclando el fútbol con la genética infantil y juvenil, construyen cracks desde los ocho años y diseñan campeones europeos a los dieciocho. Lo que sucede allí es increíble, lo niños mas dotados asisten al colegio de fútbol donde además estudian otras materias, como parte de su formación integral y sin olvidar por ningún motivo la esencia de la escuela; aprender para servir.


Apenas hay diferencia entre el profesor de literatura y el de fútbol. Es tan divertido estudiar como jugar y las tareas deben ser una obligación inolvidable. Imagine usted la libreta: "leer dos capítulos del libro de historia, terminar las ecuaciones de matemáticas, preparar tres tiros libres y traer los remates de cabeza para mañana". Así no hay quien sufra, el rendimiento del éxito está asegurado. Y en Guadalajara hay quien se quejaba por las ocho horas de trabajo obligatorias. En la cancha de fútbol la ley Bossman, la globalización y la comunidad europea cobran sentido como en ningún otro lugar del pequeño país. El club Ajax es una transnacional de futbolistas en casi todas las edades. Asiáticos, sudamericanos, centroamericanos, africanos y europeos del este y del oeste conviven todos los días en los libros y el entrenamiento. Alimentando la cantera más poderosa del mundo y el semillero mas fértil también.

La alineación se forma con un ruso en la portería y dos gemelos franceses en la central. Un yugoslavo un italiano y un argentino en el medio campo. Y un japonés y dos brasileños en el ataque, junto con tres africanos que entran y salen por las bandas. El resto del plantel es holandés nativo, todos menores de 15 años. La multinacional adquiere tintes de escándalo cuando Van´reep, uno de los instructores juveniles nos presume su ultimo hallazgo.


Un interior izquierdo llamado Atilio Akimba Oliveira Ondeer, sus compañeros le llaman AAOO por la consonancia de sus iniciales. El acta de nacimiento es litigada en Italia, Brasil, Mozambique y Holanda. En la ascendencia del crío radica su espectacularidad para rematar y correr. La migración constituyó su origen y la mutación racial su futuro. Es un fenómeno, tiene 14 años pero parece de 21. Posee una cuarta parte de italiano, una de brasileño, otra de noruego y el porcentaje de Mozambique le viene por lo portugués. Construir el árbol genealógico del muchacho es tan complicado como haber imaginado su existencia. Las raíces vienen de colonias, barcos, puertos y escapatorias polítcas o sociales.


Fisicamente es indescriptible; entre el pelo, la piel, la osamenta y los ojos tiene tantos colores como abuelos. Pero futbolísticamente la descripción resulta exacta. Recorre el campo en menos de 15 segundos, con la derecha tiene una comba venenosa. Con la izquierda un cañón despiadado. Al tiro de esquina llega desde atrás con el estilo en el salto de Michael Jordan, rematando todo lo que se le ponga enfrente. La rapidez de su gambeta es casi tan veloz como su finta. Y la habilidad para manejar la pelota es igual a su destreza en el pase. Lleva ocho goles en cinco partidos y aún no tiene a Berlusconi, Florentino y Laporta detrás porque el Ajax prohibe la entrada de promotores a sus campos de entrenamiento. En su corazón aún de niño habita un poco de Etoó y algo de Ronaldinho o Maldini.


Los holandeses se han encargado de labrar su camino culturalmente y seguirán haciéndolo con la nobleza y la vocación por enseñar y construir. AAOO balbucea un poco el inglés, el resto de lo que dice apenas se entiende, aunque lo expresa con tanta inocencia que envuelve a cualquiera en su corta charla. Un superdotado, cuya única debilidad en caso de ser considerada podrían ser sus oídos. AAOO no oye nada, es completamente sordo. Un accidente acuático de pequeño le provocó la perdida del sentido y lo último que AAOO escuchó fue el motor de una lancha. Hasta el momento no parece ser impedimento para jugar y triunfar como el mejor de su equipo. El Ajax y el tiempo diseñaran su futuro. De vez en cuando Van Basten lo visita para enseñarle algo y saludarlo mientras constata su progreso. Una vez al mes el abuelo lo acompaña al estadio, Johan Cruyff le tiene especial cariño y con ternura platican de todo en la platea, aunque no AAOO no escuche nada.


La sordera desaparece cuando una carcajada salida desde el alma lo delata igual que el grito de gol. No tiene padres ni hermanos, pero tiene muchos compañeros y maestros en su única familia. Fué abandonado a los 3 años de edad a las puertas del club donde vive desde entonces. Es hijo del Ajax y por lo tanto del fútbol. Y así el deporte más popular del mundo adquiere paternidad sobre un niño más al que adopta como propio en la nobleza de una institución que siembra esperanzas y regala cracks a nuestro juego todos los días. Eso es grandeza y lo demás simples fuerzas inferiores.

Mientras tanto la noche cae sobre el bajo país y los holandeses salen a las calles con el paraguas en la mano, disfrutando de su luna que esconde el anaranjado de su mecanismo.
La gira empezó en Amsterdam, donde este año el futuro roba por algunos días la dimensión al pasado. Pregonando que todo empieza a partir de ahora. La tecnología se apodera de la ciudad y el centro internacional de convenciones se vuelve un gigantesco aparato en cuyas entrañas conviven millones de televisiones, circuitos, señales y japoneses. El motivo es la exposición europea de medios. En donde se encuentra desde un canal de televisión exclusivo para celulares, hasta un robot que conduce en un noticiario la sección del estado del tiempo con gran soltura. Desde aqui estaremos reportando para ESTO con el cariño de siempre. El jueves nos leemos desde Koeln (Colonia Alemania). un saludo desde Amsterdam su amigo Jose.

La receta secreta.


Los “partidazos” no se hacen al vapor; se cocinan poco a poco a fuego lento y tienen su receta secreta. El fin de semana nos devoramos un platillo único en vajilla de porcelana. Desde hace años, estos dos equipos se reservan el derecho de admisión a sus manjares. Inglaterra vs Argentina, es el clásico más exquisito del fútbol de selecciones nacionales.


La historia comenzó con Rattin y la Reina en el ‘66. Siguió con la invasión de las Malvinas en los ochentas. Continuó con la mano de Dios y el gol del siglo en el ’86. En el ’98 vino la expulsión de Beckham y en el 2002 el penalti de David. El último capítulo de la historia entre británicos y argentinos se jugó hace tres días en Ginebra. Un partido disfrazado de campeonato. De amistoso no tuvo nada. El juego fue tan poco diplomático como una semifinal y tan bueno como la revancha de un mundial.


Gracias a partidos como este, es que vale la pena pagar la mensualidad del cable. Pero a veces, son muy pocos en un año y apenas recordamos cuál fue el último. Consumimos tantos a la semana, que les hemos perdido el gusto. Ver un partido de fútbol es común, ver un gran partido de fútbol es curioso. Pero ver un “partidazo” es casualidad. Ojala pudiéramos tener siempre a la mano la receta del “partidazo”.
Sería algo como esto:

1.- Ponga dos kilos de héroe.
Alguien capaz de ser recordado por el rival, la afición propia o extraña y la prensa durante muchos años. Sus apellidos se vuelven noticia en cuestión de horas y provocan la portada soñada de los editores en los diarios.

2.- Agregue un error.
Ese momento a favor o en contra que cambió el curso del partido; por lo tanto de la historia. No está sujeto a nada ni nadie. Es posible que suceda en el área, la banca o durante la aplicación del reglamento. Jugadores, entrenadores y árbitros son capaces de interpretarlo, formando parte de la obra con el papel de antagonistas.

3.- Revuelva tres volteretas.
Periodos de tiempo en los que todo parece perdido o ganado. El éxito y el fracaso se conjugan con la victoria y la derrota en apenas un par de minutos. Tan solo el empate parcial, regala tranquilidad durante un breve remanso del marcador. Pero cuando la bocanada de gloria vuelve a penetrar con intensidad en cualquiera de las dos porterías, entonces quisiéramos que aquel partido de fútbol, jamás termine.

4.- Licue un ganador.
Sin ellos, no tendría caso tanto drama ni sacrificio. Tampoco habría sentido de competencia, ni valor para el honorable caído. Ganar es tan importante como perder. El problema o la virtud del verbo, está en su protagonista y en su frecuencia.


5.- Desmenuce un perdedor.
Sin ellos, ganar sería un ejercicio estéril y el vino de la copa se volvería vinagre. Perder, es el primer paso para ganar. Es el despertar de la vocación y la necesidad de crecimiento. Los perdedores históricos ayudaron a construir ganadores consuetudinarios y a acuñar la frase de honor a quien honor merece.

6.- Corte un par de golazos.
Jugadas propias del mito, anotaciones inoportunas en lugares imposibles y momentos sorprendentes. Regates espirituales y remates del alma. Marcaciones increibles por el minuto y el rincón del campo donde sucedieron.

7.- Espolvoree muchos balones a los postes.
Son como suspiros, ilusiones rotas y gritos desesperados. Un gol abortado y un destino taciturno. Son mitad victoria y mitad derrota. Amigos del portero y enemigos del delantero. Barítonos del ayyy¡¡¡ y tenores del oohh¡¡¡ Maderos enraizados en la tierra donde crecen los goles.

8.- Hierva en un estadio lleno.
Sinónimo de trascendencia y síntoma de espectáculo. La tribuna abarrotada da investidura de juegazo al juego y sentido al partido. Escenario motivador para una gran actuación y origen perfecto de felicidad colectiva o sufrimiento masivo; en ambos casos, sentimiento igual de apasionante.

9.- Mezcle un poco de sangre, sudor y lágrimas.
La primera da color a la bravura y nobleza, entintando la camiseta del jugador entregado. El segundo, es requisito obligatorio y condición histórica del abolengo profesional. Y las terceras nunca faltan, enjugarlas es imprescindible para bien o para mal.

10.- Al final ponga una pizca de revancha.
Suele alargar los partidos, por eso los clásicos son tan buenos. Noventa minutos es lo que dura un capítulo dentro de una trama escrita en años. Ganarle, incrementa el riesgo de perder el próximo juego contra el mismo rival. Es invertir en pasión. Un partidazo en terreno local, siempre tiene usufructo como visitante. No vale ganarle siempre al mismo, hay que perder de vez en cuando para que tenga más sentido el siguiente enfrentamiento.

Su “partidazo” está listo, sáquelo del horno en el último minuto.
Sírvalo en un torneo, un mundial, una copa o una liguilla.
Buen provecho.

Por la libre.


Ayer me vine por la libre, esperando retrasar la llegada a la ciudad que nos engulle y así, alargar un poco la provincia que nos ennoblece. El contacto con el México interior, casi siempre acaricia los sentidos y nos calma con el bálsamo de sus sonidos y colores.

Doblando por el volcán desciframos la pasión común; el paisaje convive sin alteraciones con la portería y las rayas que delimitan el juego popular. No importa si el estadio está rodeado de mazorcas o un borrego y dos mulas se vuelven espectadores mudos del domingo sin arado y yunta.

El campo adopta formas muy extrañas, obligando al fútbol a ejercer su universalidad sin importar las dimensiones. Un ejido donde el portero tenía que adivinar la trayectoria del balón y el cobrador del tiro de esquina lanzar un centro dándole coherencia a un zapatazo, detuvieron nuestra marcha.

La inclinación del terreno en perspectiva con el marco era tal, que a los centrales solo se les veía de la cintura para arriba, cuando la jugada estaba en medio campo. Imposible ubicar la portería desde el área rival. El montículo se extendía desde ambas medias lunas, arrinconando textualmente la zona de gol en cada extremo. Logrando que el ejercicio entre delantero y defensa fuera más intimo que en lo llano. El nueve desaparecía en el horizonte perseguido por el cuatro y segundos más tarde reaparecía para comunicar su anotación al resto del equipo en curiosa espera por los valles del estadio natural. El árbitro es más cartógrafo que juez y marca las faltas dependiendo de lo sinuoso del terreno. Haciendo un mapa en donde es posible fingir la falta o realmente imposible driblar la piedra y el rival antes de caer.

Por un costado se corría más que por el otro, debido a que las raíces de un olmo desviaban la cal unos metros hacia el centro, haciendo de la línea una curva de banda. Por el otro había que ser más hábil, cuando la gambeta evitaba los dos pozos donde se perdieron varios tobillos y ahogaron grandes jugadas. El juego por las bandas sin embargo es parejo, no olvidemos que la FIFA sabia, consciente y justa dictamina cambio de cancha para el segundo tiempo, sin importarle donde se juegue al fútbol.

Aquel terreno cuya geografía desconoce el reglamento no impedía que el balón rodara alegre, con saltimbanqui redondez. Dominar la pelota en ese estado requiere tal precisión que el fútbol parece otro deporte. Héroes del campo y figuras desvencijadas, cerraban el círculo perfecto de un retrato particular.

Después de admirar aquel partido llegamos a la conclusión que era tan divertido como cualquier otro torneo. La H. Liga Interejidal, representaba con todas sus carencias un espacio único y exclusivo donde las ramas de los árboles regalaban sombra y platea al mismo tiempo; para observar un espectáculo fuera de lo común. Los futbolistas salen a divertirse defendiendo el singular territorio con pasión en estado puro.

Lo más increíble de todo no era el olmo, ni el pozo ni el impecable arbitraje.
Tampoco resultaba tan sorprendente una chilena rematada de un balón que salía disparado a orillas de un río. O que el cementerio por extraño que parezca tuviera más vida que cualquier tribuna que habitamos. Lo más increíble fue ver jugar en aquel lugar a la Selección Brasileña de fútbol contra el Real Madrid. Campesinos que hacían de Beckham y Ronaldo, sintiéndose ellos y jugando como tales por un par de horas.

El Madrid derrotó al Scratch, 4 – 3 con goles de Fulgencio, José de Jesús, Eleuterio y Pedro. Que mañana volverán a calzar

Ahí está el empaque de nuestro fútbol y el alimento de la liga. En su origen humilde y honesto. Como buen pretexto para el arranque del torneo, quisimos compartirle a usted esta reflexión. Para que los aficionados nunca duden que los futbolistas se hicieron en su mayoría en estos campos y en bajo estas condiciones. Encontrando en su génesis el verdadero estilo del fútbol mexicano que debemos defender por encima de todo. Los estadios necesitan un poco más de llano en sus campos y los jugadores mas recuerdo de su infancia. En donde habitan las verdaderas Chivas, el auténtico América, el real Cruz Azul y los legendarios Brasil y Real Madrid.


Vale mas la pena luchar por el origen, que claudicar ante el profesionalismo vano que termina contaminándolo todo cuando se pierde el auténtico rumbo que toma un balón al crecer. Ahí está el futuro y el valor del campeonato, que arrancó bien y puede terminar mejor.